martes, 14 de enero de 2014

Cuando el twist llegó a España para quedarse

Las discotecas se pusieron de moda a lo largo de los años 60 en multitud de países, incluido España, donde fueron introducidas por los pieds-noirs argelinos que se asentaron en Alicante en 1962, huyendo de las matanzas de la guerra de Argel. Estos exiliados fueron quienes sembraron de discotecas la costa mediterránea, a imitación de los parisienses Whiskey à go-go.

Una de las primeras, la montaron en Valencia, en la calle Navarro Reverter, donde cada cliente tenía en una taquilla su botella de whisky, pero este tipo de exclusividad esnob dio paso a un estilo más abierto, aunque siguió siendo un sitio caro y repleto de pijos. Allí se bailaba twist en una pista cuyos focos bañaban a los bailarines en luces de colores. Disponía de cabina con dos tocadiscos y un disc jockey encadenaba la música en un todo continuo para no interrumpir el baile. Otros argelinos siguieron la moda, montando discotecas como Río Salado, El Cala y El Pulpo en Cullera con el boom turístico.

La moda de la música encadenada se refleja en las recopilaciones francesas Formidable, una serie de discos de soul en los que se alterna una cara lenta y otra movida, con canciones enlazadas al modo sencillo de los pinchadiscos franceses de aquellos años.

El nuevo sistema de las discotecas cambió las costumbres de las anticuadas boîtes, con sus orquestinas desganadas y las parejas de baile evolucionando por la pista como bailarines de salón o dándose el lote. En las modernas discotecas se alternaban los tiempos de baile movido, con la pista abarrotada, bailando cada cual a su aire, con otros en los que aún predominaba la música lenta para ligar. Ese era el momento mágico de las parejas de enamorados, cuando se apagaban los focos y giraba la bola del estroboscopio y chisporroteaba sobre las parejas plateados destellos de luz.

El triunfo del twist y el auge de las discotecas cambiaron la forma de relación social de las personas en los años 60. Si bien es cierto que los más jóvenes siguieron organizando guateques caseros, con sus discos y sus ponches de frutas, los adultos comenzaron a frecuentar las discotecas, especialmente, en la costa veraniega.

El turismo, que cada año aumentaba exponencialmente en España, hizo el resto, importando usos y costumbres foráneos que el español incorporó de la misma forma que se americanizó en los años 50. En estos años aumenta el consumo de música francesa e italiana; la primera, por ser la que los dueños argelinos de las discotecas ponían durante las sesiones de música lenta en las discotecas costeras, y la segunda, por ser la preferida de los festivales de música: San Remo, Cantagiro, Eurovisión y los Festivales de Benidorm y del Mediterráneo, donde triunfan los mismos cantantes que luego participan en el resto de festivales.


Fuente: Catálogo Exposición Ídolos Pop

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